El revolucionario Dragó

Javier Villahizán (SPC)
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El escritor madrileño saca a la luz 'Galgo corredor', el segundo volumen de sus memorias sobre su etapa más rebelde, aquella que va desde su llegada a la Universidad hasta el exilio

El revolucionario Dragó - Foto: Ví­ctor González

Fue tiempo de cárceles, de exilios, de primeros viajes iniciáticos y también de mujeres, además de muchos libros de lectura, porque de los otros, los de escritura, llegarían más tarde, a partir de 1967, con España viva.
Fernando Sánchez Dragó (Madrid, 1936) saca a la luz uno de sus libros más apasionantes, Galgo corredor (Planeta). En él narra las memorias de uno de sus períodos vitales más importantes: su juventud plena. El madrileño cuenta como nadie en este segundo volumen sobre su historia más personal el tiempo Dragó que transcurrió entre 1953 y 1964, es decir cuando el autor era casi imberbe, de los 17 a los 28 años, cuando desbordaba pasión, energía, ideas, ganas y también revolución.
El autor de El camino del corazón recoge en este ejemplar de 619 páginas, muchas veces en tono novelesco, lo sucedido desde que llegó a la Universidad hasta que se fue al exilio. Es la crónica de la represión franquista y de cómo un aguerrido grupo de estudiantes, los conocidos como los de la generación del 56, se enfrentó a ella. A pesar de ello, Dragó llega a escribir que el Madrid de aquellos años era uno de los Madriles más libres que ha vivido.
La llegada a la Universidad fue uno de los grandes momentos de su trayectoria vital. Como cuenta en Galgo corredor, «fue abrirme al mundo, fue mi segundo nacimiento». Allí salió del cascarón familiar, abrió sus miras, contrastó ideas, hizo nuevas amistades y se lanzó a la vida adulta, bohemia y castiza de una ciudad que empezaba a despuntar y a despedazarse del franquismo de la primera etapa.
Fueron los años del golferío, de las primeras chicas y de los estímulos culturales de unos jóvenes rebeldes que buscaban un sinfín de sensaciones intelectuales y terrenales.
Sánchez Dragó dejó en la Facultad de Letras de ser el aplicado alumno del colegio del Pilar, el buen niño de familia bien y se convirtió en otro personaje, en otro Dragó, en una evolución natural de aquel adolescente estudioso que absorbe como una esponja todas las ideas nuevas, sean revolucionarias o ateas. «La tentación de la bohemia, la vanguardia, el mujerío, el alcohol, la noche, la izquierda y la rebeldía frente a todo lo establecido andaba ya, sin que yo lo supiera, a dos pasos de mi persona, rondándola, cercándola, y no tardaría en adueñarse de mí», escribe, y añade: «Mi vida se encarrilaba ya por otros derroteros, el de la bohemia literaria, el de las actividades subversivas, el de las chicas y sus designios».
En esa transformación del Dragó comedido al Dragó rebelde tuvieron gran importancia tres elementos distorsionadores: sus compañeros de Universidad, sus profesores y el famoso bar de la Facultad, un ágora de inquietudes políticas, literarias y también sentimentales.
En el centro profesaban maestros irrepetibles como los filólogos Dámaso Alonso y Rafael Lapesa, el filósofo José Luis Aranguren y Emilio García Gómez, entre otros. Y entre los grandes amigos que hizo destacan especialmente un poeta que acabaría siendo una leyenda como Claudio Rodríguez o el escritor y guionista Gonzalo Torrente Malvido.


Historia de España

Galgo corredor no es solo la vivencia personal y sensorial de los años de juventud de Sánchez Dragó, sino que es un perfecto manual de España, y en concreto de Madrid, del franquismo más desarrollado y de una incipiente lucha contra la dictadura. Se trata de un período crucial en la Historia del país a cuyo trasluz se entiende buena parte de lo que sucedió a continuación. Por estas páginas, el joven autor cuenta la bohemia del momento, la vida literaria, sus primeros pinitos en ella, la refundación del Partido Comunista, el motín del 56 y su paso por la cárcel, en la que ingresó tres veces como preso político y permaneció durante 16 meses. Y el exilio.
Fue en esos años cuando Fernando Sánchez Dragó se casó, tuvo su primer hijo y se fugó a Italia con el segundo gran amor de su vida. Galgo corredor es el testimonio vital de quien vivió todo aquello desde la esperanza y el convencimiento, sabedor de que fue partícipe de un momento histórico que solo él puede contar en primera persona.