Un caso abierto cuatro décadas después

Leticia Ortiz (SPC)
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Un caso abierto cuatro décadas después

El viernes 1 de agosto de 1980, miles de españoles apuran los últimos preparativos para arrancar sus vacaciones. Como un año cualquiera. Nada parece distinto. Las maletas que no cierran, las cosas olvidadas que no tienen hueco, las llaves de la casa de la playa que no aparecen... Sin embargo, aquella mañana, poco antes de arrancar el coche o ya en el propio vehículo, a muchos les sobresaltó aquella noticia que escupían los informativos radiofónicos: los marqueses de Urquijo habían sido acribillados a tiros en su casa durante la madrugada. Acababan de oír, quizá sin saberlo, la gran noticia de la crónica negra de ese año. Pero, también, uno de los casos más famosos de toda la Historia criminal de España que, a día de hoy, sigue despertando curiosidad por las incógnitas que planean sobre el mismo. Con un culpable, sí, pero con una sentencia que dejó abierta la posible participación de más personas en el doble homicidio... Pero nunca más se supo.
Tres disparos a bocajarro acaban con la vida del matrimonio en su lujosa residencia en la localidad madrileña de Somosaguas. Manuel de la Sierra y María Lourdes Montes son asesinados mientras, como solían hacer por una enfermedad de la mujer que le provoca trastornos de lenguaje y motricidad, dormían en habitaciones separadas. El marqués presentaba un impacto de bala en la nuca, la marquesa dos: uno en la boca y otro en el cuello. 
Cuando la Policía llegó, tras ser avisada por el personal de servicio que encontró los cuerpos después de subir a las habitaciones extrañados ante la tardanza de los señores de pedir el desayuno, se encontró la puerta de la piscina forzada con un soplete y un cristal roto. 
Los agentes también se encontraron allí con los reporteros de El Caso, el semanario de sucesos más conocido de la época, a los que alguien había filtrado una noticia que convirtieron en su tema principal durante muchos meses. No fue complicado para los redactores de la revista mantener en vilo la atención y el interés de los españoles al tratarse de un caso tan mediático como este. No en vano, el marqués era poseedor de una de las mayores fortunas de España, ya que era propietario del Banco Urquijo.
En aquellos primeros momentos se produce uno de los primeros misterios del caso. No fue el único. Al parecer, nadie tocó los cadáveres hasta las once y media de la mañana, cuando llegó el juez. Sin embargo, cuando los dos cuerpos fueron trasladados al Instituto Anatómico Forense, alguien los había lavado cuidadosamente, haciendo desaparecer las manchas de pólvora. Un misterio. O una chapuza, como gran parte de la investigación, como mantienen algunos periodistas que cubrieron el suceso. No hay que olvidar que, además del tema de los cadáveres, el arma homicida desapareció del depósito judicial, los casquillos encontrados en el lugar del crimen habían sido tirados a la basura, pero después se «extraviaron», la documentación de la caja fuerte de la vivienda fue quemada en plenas pesquisas sin que nadie diera cuenta de cómo ni cuándo, la declaración de culpabilidad manuscrita del único condenado fue destruida por la Policía... «No hay un sumario con más irregularidades que este», mantiene Melchor Miralles, uno de los autores de El hombre que no fui, una reconstrucción novelada de la tragedia.
Desde el primer momento se descartó el suicidio y el móvil del robo, por lo que se investiga la posibilidad de que el crimen hubiera sido un encargo de alguien del Banco Urquijo, pues el marqués era el único que se oponía a su fusión con el Hispanoamericano. Descartada esa hipótesis, toma forma la tesis de que puede tratarse de un asesinato cometido por una venganza personal.


Principal sospechoso

Es en ese momento cuando el yerno de los fallecidos y marido de Miryam de la Sierra, Rafael Escobedo, Rafi, se convierte en sospechoso principal del caso. Sin embargo, no fue hasta ocho meses después cuando la Policía le detiene, tras encontrarse en una propiedad de su padre unos casquillos de pistola similares a los usados en el doble asesinato. En esas horas que pasa arrestado en la comisaría, el yerno de los marqueses llega a confesar el crimen. Pero sería la primera y última vez que lo hiciera. Desde que salió de las dependencias policiales y hasta el final de su vida niega haber sido el autor de las muertes.
A pesar de ello, casi tres años después del doble homicidio, fue condenado a 53 años de cárcel como autor del doble asesinato.
La condena de la Audiencia fue confirmada por el Tribunal Supremo en 1984. Más tarde, se abrió un segundo sumario tras unas declaraciones de Mauricio López-Roberts, marqués de la Torrehermosa y amigo de Rafi, a la revista Interviú, en las que narraba otra versión de los hechos y aseguraba que el yerno de las víctimas era inocente, pero había sido elegido como cabeza de turco del crimen. Aquellas palabras condujeron a su propia detención y a la de Javier Anastasio de Espona, ambos procesados luego como presuntos encubridor y coautor, respectivamente. El primero quedó en libertad provisional bajo fianza de medio millón de pesetas, mientras Anastasio estuvo en la cárcel Carabanchel desde el 17 de octubre de 1983 hasta marzo del 87, cuando salió en libertad provisional y a finales de ese año huyó de España.
Hasta los hijos de los marqueses -Juan y Myriam- llegaron a ser sospechosos, pero todo quedó en eso, en una conjetura.