Una verdad sumergida

Maricruz Sánchez (SPC)
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Las familias de los 21 marineros muertos en el naufragio hace un año del pesquero gallego Villa Pitanxo claman respuestas sobre qué ocurrió realmente para que el buque se hundiera frente a la costa de Terranova

Una decena de cadáveres pudieron ser recuperados y repatriados a España, de una tripulación de 24 personas con solo tres supervivientes. - Foto: Julio César rivas (EFE)

El mar es como un cofre repleto de misterios y tesoros. Una gran arca que guarda en su interior tantos secretos como miles de años han transcurrido desde que el hombre se aventuró por primera vez a surcar sus aguas, para explorar nuevos horizontes y extraer sus recursos. Ejercer la antigua profesión de la pesca es una razón primordial para lanzarse a navegar, pero quienes la practican saben bien de sus peligros. Son muchos los barcos que desaparecieron y nunca más se volvió a saber de ellos ni de sus tripulantes. Esa es una de las peores pesadillas para los marineros y sus familias, que cíclicamente se repite. El próximo miércoles, día 15, se cumplirá un año del hundimiento del arrastrero Villa Pitanxo frente a la remota costa canadiense de Terranova. La mayor tragedia pesquera española desde el Marbel (1978), que se llevó la verdad de lo ocurrido al fondo del mar del norte. 

En el caso de este siniestro no existe un componente de misterio, como ocurre en otros en los que ni siquiera se conoce el paradero de los pecios. De hecho, se sabe con exactitud la localización del buque, gracias a la señal de radiobaliza que indica el punto preciso dónde fue engullido por el mar. Pero, más allá de eso, existe un gran secreto oculto en su interior: ¿qué pasó para que este pesquero se fuera a pique con 24 personas a bordo? 

Esta incógnita está más cerca de despejarse, después de que hace una semana el Ministerio de Transportes haya sacado a licitación, por un valor de tres millones de euros, el servicio de búsqueda, localización e inspección del buque. Esta iniciativa servirá de apoyo a la labor que está llevando a cabo la Comisión Permanente de Investigación de Incidentes Marítimos.

Dos peritos judiciales -funcionarios del Ministerio- y que deben elaborar un informe en el marco de la causa abierta en la Audiencia Nacional sobre el hundimiento del arrastrero insisten en la importancia de acceder a él para determinar las causas del naufragio, una de las principales reclamaciones de los familiares de las víctimas.

Estos expertos sostienen que el medio adecuado para ello sería el envío a la zona de la tragedia de un navío dotado con un equipo sonar multihaz para la localización del pecio y un equipo de vehículos operados de forma remota por señales de radio o mediante un cable desde el buque nodriza. Los investigadores consideran que es «probable» encontrar el pesquero cerca del lugar del accidente y para ello iniciaron en noviembre los trámites para su búsqueda en aguas del Atlántico Norte.

El Villa de Pitanxo naufragó a 250 millas del puerto de Saint John's, en la isla de Terranova, provocando la muerte a 21 marineros. Solo tres sobrevivieron: el patrón del buque, Juan Padín, que está siendo investigado por la Audiencia Nacional, su sobrino y un operario ghanés.

Algunos tripulantes del pesquero Playa de Menduiña 2, que rescató a los tres únicos supervivientes, ratificaron ante el juez que el patrón del barco, actualmente imputado, cambió varias veces su versión sobre lo sucedido.

La investigación judicial nació tras un informe de la Guardia Civil, si bien el magistrado también admitió a trámite una querella interpuesta por varios familiares de las víctimas contra Padín y la empresa armadora, Pesquerías Nores Marín. La defensa del patrón entregó un informe pericial en la Audiencia Nacional que concluye que el barco fue a pique por una parada súbita de motor, descartando una maniobra negligente por su parte, como declaró el marinero superviviente Samuel Kwesi Koufie. La defensa de buena parte de las familias rebate también las conclusiones de este estudio, encargado por el propio Padín.

Un proceso largo

Aunque tanto la denominada caja azul como el AIS o la radiobaliza funcionaron con normalidad en el Pitanxo, y se tengan por tanto las coordenadas precisas del último punto desde donde se recibió la señal del barco, esto no significa que esté justo en posición perpendicular (en el fondo). Para ese trabajo de localización, las sondas aportarán distintos puntos de interés, que potencialmente podrían ser el pesquero, y tendrán que descartarse hasta dar con él. Aun cuando se culmine con éxito esta fase, el arrastrero podría estar tumbado, deformado o partido por el impacto, o incluso rodeado de elementos que impidan el acceso o los trabajos de grabación.

En una segunda fase entrará en acción el ROV, que irá unido al buque multipropósito (nodriza) a través de una especie de cordón umbilical. Este dron deberá estar dotado de cámaras para examinar distintos aspectos del buque, sus equipos, de las artes de pesca y del fondo marino, que puedan resultar de interés para la investigación.

El acceso al interior del pesquero, como a los camarotes o sala de máquinas, requeriría de un dispositivo vinculado al ROV, más pequeño. De cualquier modo, las posibilidades de éxito en este aspecto serían reducidas, avisan los expertos.