¡No me toques!

Europa Press
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La hafefobia o miedo a tener contacto directo con otras personas no es una alteración nueva, pero sí una de las acentuadas en el último año, coincidiendo con la COVID-19

¡No me toques!

Hay centenares de fobias específicas como, por ejemplo, al agua, a los animales, a las alturas, o incluso a la sangre. ¿Cómo se pueden identificar? Aparece una ansiedad muy intensa y desagradable, que se vive con miedo y de forma desproporcionada, tal  y como explica  Cristina Mae Wood, experta del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid.

La pandemia, el confinamiento, el miedo a los contagios, etc. han hecho que en los últimos meses se hayan incrementado los casos de hafefobia o miedo a ser tocado, una mania específica, según explica la psicóloga: «Cuando aparece ese estímulo, se genera una reacción de ansiedad o de miedo desproporcionada y la persona lo vive con mucho malestar y hace lo que sea para evitarlo».

Pero no es algo que solo se esté dando con la pandemia. Según reconoce, puede venir de la infancia, con pacientes que por ejemplo en la edad adulta no soportan que les toquen, porque anteriormente les han violado, y el tacto les recuerda a ese trauma del pasado. También puede ser algo aprendido, explica Wood, en el sentido de que si yo de niña veía cómo mi madre no soportaba que la tocaran, es previsible que a mí tampoco me guste que me toquen; aprendo esa conducta y evito que suceda.

Por otro lado, la experta señala que a muchas personas hoy en día nos puede resultar raro el que alguien nos toque, o ver incluso que alguien se toca en la televisión, cuando antes lo habitual era besarnos y abrazarnos sin ningún problema con nuestros allegados.

«A nuestro cerebro no le gustan los cambios. Si llevas un año sin tocar a nadie, que se acerque alguien o te abrace se hace raro. Yo ahora cuando veo una película y veo que se tocan o abrazan me extraña y pienso, ‘qué pena que no lo vamos a volver a hacer’, o ‘qué riesgo’, cuando probablemente entonces no lo había, y seguramente quizá ahora no lo haya porque se acaba de hacer la prueba, por ejemplo. Pero no lo puede evitar porque es un miedo irracional», agrega.

Siempre que pensamos que algo malo va a ocurrir se genera ansiedad, nuestro cerebro produce hormonas que nos activan y pueden producir todo tipo de síntomas, según prosigue la miembro del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid. Dentro de los físicos pueden aparecer temblores, sudoraciones, molestias en el estómago, falta de aire, opresión en el pecho e incluso mareos.

De esta forma, en esta época es habitual que cuando se nos acerque una persona o nos toque, se incrementa en muchos de nosotros la aparición de pensamientos negativos, y podemos hacer todo tipo de interpretaciones en esta línea. «Se llama una valoración de amenaza cuando solo pensamos en lo más negativo y catastrófico y desarrolla emociones como la ansiedad, el miedo, o la frustración. ‘Por qué me ha tenido que tocar esa persona’».

En las personas con hafefobia el miedo a que pase algo o a contagiar a sus seres queridos hace que  catastrofiquen muchísimo, y cuanto más se preocupan, más ansiedad sienten, y entran como en un círculo vicioso en el que están en todo momento monitorizándose, mirándose si tienen fiebre, o si se han contagiado.

Según identifica Wood, estas personas no suelen ser conscientes de estos pensamientos y actuaciones, por lo que puede ser algo muy incapacitante para su vida diaria. De hecho, vaticina que cuando la pandemia acabe, las personas con hafefobia lo pasarán peor todavía, ya que les resultará mucho más difícil el socializar.