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La Rioja deja huella

SPC
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En su flanco sureste, la comunidad riojana atesora el mejor conjunto mundial de huellas de dinosaurios, vestigios celtíberos, gastronomía autóctona y una potente industria del calzado

La Rioja deja huella

El paraíso jurásico no estaba en la isla hawaiana que popularizó Spielberg, sino en La Rioja. En la noche de los tiempos, hace la friolera de 120 millones de años, los dinosaurios campaban a sus anchas por lo que hoy son los valles del Cidacos y el Alhama y dejaron sus huellas impresas en zonas pantanosas del inmenso Mar de Thetis. La herencia fósil de aquellos gigantes pone a la comunidad riojana en el mapa con el conjunto de huellas de dinosaurio (icnitas) más importante del mundo. En estas tierras surorientales, las andanzas de otros seres, desde celtíberos a árabes y romanos, también han dejado rastros, en forma de castillos y poblados. Y el legado de la tradición alpargatera de la zona pisa fuerte hoy en la potente industria del calzado, uno de los puntales de la economía regional y enseña de Arnedo, tercera población de La Rioja y próspero municipio que pasea su nombre por el mundo en suelas y cueros.

Pasado y futuro, confieren a estas tierras delimitadas por las aguas de los ríos Cidacos y Alhama una acusada personalidad; y los reclamos para aventurarse desde la linde del Ebro hasta la raya con la vecina Soria van desde el patrimonio natural y cultural hasta el gastronómico. Si los zapatos made in Arnedo traspasan fronteras y las icnitas y su entorno geológico aspiran al reconocimiento mundial de la Unesco como geoparque, la producción de champiñón y setas en la comarca honra a La Rioja con el título de mayor productora champiñonera del país.

Bajo el paraguas de su marca de calidad, el cultivo de champiñón y setas es un aporte importante para el PIB riojano, genera empleo en cantidad y engrosa el amplio recetario gastronómico regional. En estas tierras, que supieron reconvertir viejas bodegas en desuso en productivas champiñoneras, además del gastronómico, se le saca jugo turístico a los apreciados hongos con un término propio, el fungiturismo, que atrae hasta el centro temático de Pradejón a visitantes interesados por el saber y el sabor.

Como otras zonas de La Rioja, en esta amplia comarca, que conjuga planicie con riscos y espectaculares cortados de arenisca y conglomerados, hay huerta de calidad y fruta con nombre y apellidos. La ciruela claudia reina verde amparada por la marca colectiva Ciruela de Nalda y Quel reparte sus dominios entre el Iregua y el Cidacos.

Quel es topónimo de origen árabe y el qalat (castillo) con el que sus antepasados musulmanes denominaron al lugar domina hoy la localidad, patria chica del dramaturgo Bretón de los Herreros y con afamada industria conservera.

En la vecina Arnedo, el influjo árabe dejó como regalo una delicia. Los fardelejos, un dulce a base de hojaldre con relleno de mazapán de almendra, son uno de los postres señeros de la región. En torno al núcleo urbano, la potente industria zapatera ha convertido a la dinámica Arnedo en tierra de emprendimiento y oportunidades. Arriba, en las alturas, el castillo domina la vista de la vega del Cidacos, con la imponente mole de la peña Isasa al fondo. El complejo rupestre de la cueva de los Cien Pilares es hoy importante reclamo turístico.

Sin abandonar la cuenca, el río y la geología han horadado el desfiladero que sirve de encuadre a Autol, otra de las mecas de la industria conservera y el champiñón, que tiene como símbolo dos monolitos de arenisca que la naturaleza ha tallado con capricho y los paisanos de antaño bautizaron cariñosamente como el Picuezo y la Picueza.

Tierra de aceite.

Son tierras, todas ellas, de excelente aceite virgen extra, con calidad garantizada por la Denominación de Origen Protegida Aceite de La Rioja. El olivo hunde sus raíces en la historia de la región, principalmente en Rioja Media y los valles del Cidacos y el Alhama. Las aceitunas, en sus distintas variedades, regalan al paladar un fluido verde intenso y trasparente, con sabor afrutado y carente de picor y amargor. Es aceite capaz de quedar bien en una mesa con Estrella Michelin y de engrasar las 'pringadas', las populares rebanadas de pan tostado espolvoreado con azúcar y con el 'oro líquido' que fluye desde los trujales de Préjano, Arnedo, Calahorra o Santa Eulalia Bajera.

Esa simbiosis perfecta entre naturaleza y presencia humana, con aprovechamiento ganadero, de cultivos de secano, huerta y frutales, le vale a la comarca su pertenencia a la Reserva de la Biosfera, con que la Unesco certifica esas prácticas sostenibles en el territorio en los valles del Leza, Jubera, Cidacos y Alhama-Linares.

Al hilo del Cidacos, la traza del extinto ferrocarril Calahorra-Arnedillo permite recorrer plácidamente el valle a pie o en bici durante 34 kilómetros en varias etapas. La localidad termal, enrocada entre paredes coronadas por el incesante planeo de los buitres, es destino clásico de amantes de sus aguas, tanto en versión balneario como en las más humildes pozas.

En Enciso, el paisaje es tan duro como sobrecogedor. Los yacimientos de icnitas, las reproducciones de dinosaurios y el parque de paleoaventura de El Barranco Perdido (el Museo Cretácico y los yacimientos abren este puente de Todos los Santos y el de la Constitución ) transportan al visitante a tiempos ignotos. Los datos avalan con solvencia la candidatura riojana al reconocimiento como Geoparque por parte de la Unesco: 170 yacimientos y más de 11.000 huellas en 22 municipios, en un entorno con una geología sin par.

Como otros municipios de la zona, Cervera del Río Alhama conoció el esplendor de la industria textil y del calzado, que se apagó en los años 50. Pero la localidad, al pie de la sierra de Alcarama, rebosa historia, con las ruinas del castillo y la Cueva de la Mora, de reminiscencias musulmanas.

 La artesanía de la alpargata, que le dio fama nacional, se mantiene a algunos rincones, y la gastronomía local también tiene sus particularidades, sobre todo en forma de 'golmajías', como se denomina en La Rioja castiza a los dulces. Son famosos los ormigos, las camuesadas o las cañas, hojaldres rellenos de crema y merengue y espolvoreados con canela y azúcar.

En tierras del Alhama, Aguilar guarda otro tesoro. El poblado celtíbero de Contrebia Leucade, en la aldea de Inestrillas, es uno de los mejores yacimientos arqueológicos riojanos y permite fantasear cómo era el día a día de las gentes celtíberas, romanas y visigodas que lo habitaron.