"En España parece que hay más gilipollas de los que hay"

Agencias
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Dani Rovira aterriza la próxima semana en Netflix con 'Odio', un monólogo lleno de sarcasmo e ironía con el que pretende «hacer pensar a la gente» y que finaliza con un mensaje «de amor y buen rollo»

"En España parece que hay más gilipollas de los que hay" - Foto: NETFLIX

Dentro de exactamente una semana, el próximo 12 de febrero, Dani Rovira aterrizará en Netflix con Odio, un monólogo de más de una hora de duración en el que el cómico y actor malagueño repasa con «sarcasmo» e «ironía» sus más variopintas filias y sus fobias en un espectáculo en el que, además de toneladas de humor, el espectador encontrará un «extra» en forma de «emoción contenida», «buen rollo» y espíritu «reconciliador».

«Garantizo que el que se siente en casa a verlo se va a reír muchísimo. La risa es una cosa descontada, que está en mi ADN, pero en este monólogo el público se va encontrar un extra», asegura Rovira, que augura que este espectáculo «va a hacer pensar a la gente».

«Van a terminar con una sensación muy bonita, reconciliadora, con espíritu de intentar ser un poquito mejor», afirma el humorista que señala que, a pesar de el título del espectáculo indique lo contrario, el mensaje final es de «amor» y «buen rollo». «Lo he titulado Odio porque la ironía, el sarcasmo y el doble sentido siempre tienen que estar presentes en el humor, pero sin eso... el espectáculo seguramente se hubiera llamado Te quiero o Te amo», subraya.

Pero además de esta emoción y «buenrollismo», el malagueño también lanza dardos a los políticos, a la gente con perro, a la gente con gato, a la que usa aplicaciones para ligar, a Messi, a Antonio Banderas... y sobre todo a los haters, de los que dice que «ni nacen ni se hacen», sino que «se deshacen ellos mismos en su propia mierda».

«Esto pasa ahora con la pandemia y ya pasaba antes con todo... La gente que es gilipollas, era gilipollas antes y es gilipollas después. Lo que pasa es que el gilipollas hace mucho más ruido», proclama Rovira, que asegura que «en España parece que hay más gilipollas de los que realmente hay», precisamente, porque «hacen mucho ruido».