Jóvenes, ¿otra generación perdida?

EFE
-

La COVID-19 ha propiciado en los menores de 30 años, al igual que sucedió con la crisis de 2008, una grave situación de falta de empleo y acceso a la vivienda

Jóvenes, ¿otra generación perdida?

La pandemia ha sumido a los jóvenes en una de sus peores pesadillas, por un lado les ha lastrado el empleo y por otro les ha dificultado el acceso a la vivienda. Si ya tenían obstáculos para llegar a fin de mes, ahora el problema es mayor, porque muchos han perdido durante el confinamiento su trabajo -precario en la mayoría casos-, mientras que otros han tenido que interrumpir sus estudios.
Ante esta situación, la Organización Internacional del Trabajo recomienda poner en marcha un plan de garantía que ofrezca a este colectivo sin trabajo y sin estudios un empleo o una propuesta formativa.
«España no se puede permitir que un elevado desempleo juvenil se instale de manera estructural, porque representaría un fracaso con desastrosas consecuencias de larga duración para toda una generación», asevera el responsable de la OIT en España, Joaquín Nieto.
En este sentido, el organismo incide en que parte de la juventud «más madura» seguía sufriendo las consecuencias de la crisis financiera de 2008 y ahora les ha pillado de lleno la de COVID-19, lo que podría tener adversos efectos a largo plazo.
«Ya hemos visto que alrededor de la mitad de la destrucción del empleo que se ha producido por la crisis del coronavirus corresponde a los menores de 35 años», explica la investigadora de la Universidad de Alcalá Marina Romaguera. «Si no se adoptan políticas específicas veremos lastradas muchas carreras profesionales; los jóvenes han sufrido dos crisis en poco tiempo, vienen de un mercado laboral precario y no se habían recuperado; no habían estabilizado sus vidas y otra vez les golpea una crisis», señala.
Romaguera de la Cruz es una de las autoras del último informe del Observatorio Social de la Caixa Análisis de las necesidades sociales de la juventud, que concluye que la falta de oportunidades, el empeoramiento de las condiciones laborales y los problemas en el acceso a la vivienda pueden conducir a que estas nuevas generaciones se sientan excluidas de una sociedad que ven cada vez más injusta.
Según el informe del observatorio, casi uno de cada cuatro personas de entre 18 y 29 años viven en hogares que experimentan dificultades para llegar a fin de mes.
Según la investigadora, entre los jóvenes se aprecian «sentimientos de frustración y de desencanto con la sociedad; se sienten abandonados por las instituciones y ven que la gestión de la crisis generada por el coronavirus se está centrado en otros colectivos».