La sonrisa del proscrito

Diego Izco (SPC)
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El luso señala a la cámara tras el segundo de sus goles ante el Amberes. - Foto: Enric Fontcuberta (EFEs)

La historia de Joao Félix se escribe con demasiadas letras para ser un chico de apenas 23 años. Han sido muchos los millones y los tumultos, las expectativas, mucha la presión y mucho el ruido. Ensordecedor en ocasiones, impidiendo descubrir al genio en ciernes, que en abril de 2019 se convirtió en el futbolista más joven de la historia en anotar un 'hat trick' en la Europa League. Los ojos se giraron hacia Lisboa y los grandes sacaron sus cañas. Desde ese punto hasta el presente, convirtiéndose en el principal motivo de la sonrisa del Barça, apenas han pasado cuatro años y medio en los que el 'Menino de Ouro' ha quemado etapas a la velocidad de la luz.  

Tres meses después de deslumbrar en Europa, el Atlético de Madrid plantó sobre la mesa del Benfica la mayor oferta en la historia del fútbol portugués: 126 millones de euros. Los rojiblancos, inmersos en ese proceso de crecimiento hacia el Olimpo (el paso de 'grande' a 'gigante' necesita grandes esfuerzos, también económicos), consideraron que Joao era la pieza ideal para sustituir a Griezmann (rumbo al Barça) y la piedra sobre la que basar el proyecto... porque Simeone, el diseñador de dicho proyecto, dio el visto bueno a semejante fichaje considerando que podría reeducar la magia del portugués. 

Pero Joao Félix y el 'Cholo' chocaron pronto. El atacante siempre consideró que los métodos del técnico rojiblanco eran un tapón en la proyección de su juego. Ambos lo intentaron, y vivieron juntos días de vino y rosas cuando el chico levantaba el Golden Boy (noviembre de 2019) o el Globe Soccer Award al futbolista revelación del mismo año… pero a nadie escapaba que eran premios que procedían de la resaca del Benfica. 

En el Metropolitano se desataban pequeñas tormentas esporádicas porque la afición se debatía entre concederle el beneficio de la duda o quitárselo a Simeone, que hasta entonces tenía crédito ilimitado. Desde el mismo verano de 2019, ni el técnico confió en él, ni él dio el rendimiento esperado: Joao explicó al 'Cholo' que no juega donde le gustaría, donde realmente 'muerde' al rival… y el 'Cholo' explicó a Joao Félix que su Atlético seguiría en 'bloque bajo' y él debía aprender a progresar, a recorrer los metros que hiciesen falta, a defender lo que le pidiera, a que sacrificase la calidad individual en pos de la colectiva, a ser más intenso, etcétera. 

Así que de la inversión multimillonaria, los recelos figura-técnico y unas expectativas desmedidas nacieron tres temporadas y media de crisis eterna, de calvario personal y deportivo, con estadísticas mediocres y demasiadas bajas por lesión: acumuló 32 partidos perdidos y casi 269 días de baja en un total de nueve lesiones, contando una de tobillo que arrastró durante meses y derivó en su paso por quirófano. En cuanto la grada rojiblanca devolvió el crédito y la 'infalibilidad' moral a Simeone, Joao Félix apareció como un proscrito (su placa fue vandalizada) y un carísimo bulto sospechoso. Y había que volar. 

El primer vuelto, rumbo a Londres, donde fue incapaz de cuajar en un Chelsea que se desmoronaba (la época post-Abramovich dio paso a la indescifrable época de Todd Boehly y el gasto obsceno sin resultados). El segundo, rumbo a Barcelona, donde el 'bloque alto' le ha devuelto la alegría y, por lo que parece en sus tres primeros encuentros como azulgrana, la fe en el juego. De la relación Joao-Xavi renacerá -o seguirá su particular y prematuro descenso a los infiernos- el jugador que iba a devorar el fútbol.